Angelus Novus

Angelus Novus
Walter Benjamin, Tesis IX

martes, 30 de marzo de 2010

Nosotros no somos los últimos[1]


“Voi che vivete sicuri
Nelle vostre tiepide case,
Voi che trovate tornando a sera
Il cibo caldo e I visi amici:
Considerate se questo é un uomo
Che lavora nel fango
Che non conosce pace
Che lotta per mezzo pane
Che muore per un sí o per un no.
Considerate se questa é una donna,
Senza capelli e senza nome
Senza piú forza di ricordare
Vuoti gli occhi e freddo il grembo
Come una rana d´ inverno.
Meditate se questo é stato:
Vi comando queste parole.
Scolpitele nel vostro cuore
Stando in casa andando per via,
Coricandovi alzandovi;
Ripetetele ai vostri figli.
O vi si sfaccia la casa,
La malattia vi impedisca,
I vostri nati torcano il viso da voi.”[2]
El presente trabajo tiene como marco teórico los textos de Primo Levi, Se questo é un uomo, a Valeriano Bozal en el capítulo referido a Zoran Music del texto El tiempo del estupor[3], y a Giorgio Agamben en Homo Sacer III, Lo que queda de Auschwitz[4].

Gestionar la vida y disponer para la muerte: la biopolítica y el resquicio de lo impolítico



«¡Corto es mi verbo, y no llega tampoco
a mi concepto! Y éste, si a esas llamas
se compara, no basta decir “poco”»

«¡Oh quanto é corto il dire e come fioco
al mio concetto! E questo, a quel ch´i vidi,
é tanto, ch non basta a dicer “poco” » [1]


Antes de empezar, quisiera decir que lo que en adelante se sostendrá tiene el valor de ser el comienzo de un estudio, que, como todo comienzo, es incompleto e incierto y que está siempre abierto a futuras incorporaciones y modificaciones.
A lo largo del presente trabajo trataremos de explicitar qué entendemos por bio-política desde Foucault en la Historia de la Sexualidad, La Voluntad del Saber[2], y cuál ha sido la recepción que de este concepto han hecho Giorgio Agamben en Homo Sacer, El Poder Soberano y la Nuda Vida[3], (en la Introducción) y Roberto Esposito en Categorie dell´Impolitico[4] e Inmunitas[5], en aquellos capítulos referidos a la bio-política.

domingo, 28 de marzo de 2010

“El extranjero. La nueva sociedad aluvional: Raza, Idioma y Nación en Argentina de 1880”.

Es la presencia del otro, del extranjero en el interior del yo:
no según una forma cualquiera de identificación o de fusión,
sino según una modalidad del compartir que une a los individuos
mediante su misma singularidad” (J. L. Nancy, Entre singulier pluriel)
1. Introducción:
Desde una perspectiva, el extranjero es una categoría bisagra que abre el juego hegemónico del adentro y el afuera, que entraña cuestiones centrales para la fundamentación del ser de lo social en tiempo y espacio: es el afuera inerradicable que debe ser recibido y expulsado para figurar un límite.
El interés de este trabajo se inscribe en las reflexiones y debates en los que la cuestión de la lengua nacional y la raza ilustran muy bien lo que Derrida[1] define como el carácter pervertible de la ley de hospitalidad. Es decir, la idea de que la ley y el derecho que acogen y subordinan al extranjero conllevan en sí mismos un gran poder de pervertibilidad en tanto que toda inclusión del extranjero se funda primariamente en una exclusión. La condición para ser sujeto de hospitalidad es no pertenecer, condición que signa de aquí en adelante el conjunto de relaciones que se establece con el anfitrión.

La violencia y la vida

Introducción:
El objetivo del presente trabajo es realizar un recorrido por el pensamiento de Walter Benjamin y Giorgio Agamben en lo que refiere a la denuncia acerca de cómo el derecho está asociado a la violencia y actúa cruentamente sobre la vida, la simple vida desnuda.
Para ello, articularemos el texto en dos partes, dedicadas cada una de ellas a uno de estos dos autores.
Se leerá a Walter Benjamin en su texto Para una crítica de la violencia[1] como quien afirma que la clave comprensiva de la modernidad es la violencia. Como veremos más detalladamente a continuación, Benjamin sostiene que la violencia funda y conserva el derecho. Por lo tanto, las instituciones pretendidamente legítimas de la modernidad carecen de todo tipo de “mediación racional”. Contrariamente, su origen es la inmediatez de la violencia que se presenta como derecho para ordenar el espacio político. Así, la realidad mediada por el derecho constituye el reino de la violencia. De modo que a la inmediatez de la violencia, Benjamin considera que hay que oponerle otra inmediatez: la violencia divina.
Giorgio Agamben, atento lector de Benjamin, recoge el diagnóstico del autor alemán, y continúa en gran medida su pensamiento retomando conceptos como el de la vida desnuda. Es decir, la violencia del estado soberano teológico-político (la violencia mítica, como la llamaba Benjamin) es cruenta y se aplica a esa vida biológica, contemplando lo viviente del ser humano solamente en esta dimensión. De modo que para Agamben la lógica soberana del estado moderno aísla en el ser humano lo que hay de corporal, despojándolo de su vida política y convirtiéndola en lugar de excepción, de imposición violenta de los vínculos políticos.